Pobres niñas pijas

  Montse de León Acuña /

El otro día cuando salía de una urbanización residencial del Sur de la Isla oí una conversación que me dejó perpleja. Las protagonistas del diálogo eran dos niñas de unos diez años que iban en unas bicis rosas monísimas (ponerse en situación es importante).

Niña rubia con coletas: Pues que sepas que yo me voy a París y me quedaré en un hotel de cinco estrellas …

Niña morena con un increíble parecido a Pocahontas: ¿Y a mí qué?? Que sepas que yo tengo el último modelo de móvil de … (y pronunció la marca) y todo… y ya me fui a Madrid el fin de semana pasado a un hotel mejor que el tuyo … toma!!!!

No es por hacerme la guay (como dirían estas niñas), pero lo único de esa conversación que se asemeja a la que yo tenía con mis amigas a los diez años es ese  !!!! toma!!!!!

Me quedé horrorizada al escuchar tanta tontería junta de dos mocosas subidas a una bici que cuesta más que mi coche. Pero claro, esas pobres criaturas hasta arriba de ropa de diseño no tienen la culpa de pensar que su felicidad depende de la cantidad de estrellas que tenga el hotel donde duerman. Seguro que nadie se ha parado a decirles que también se puede ser feliz en una caseta de campaña mirando las estrellas.  Además, no pude evitar recordar un famoso anuncio de televisión de un coche en donde tras uan conversación similar, una tercera niña dice algo así como: Sí, pero mi padre me viene a buscar…. Mientras las otras dos niñas que presumen de tantas ‘cosas’ se quedan rodeadas de ‘marcas’ y solas. A esas pobres niñas pijas nadie les ha enseñado que realmente lo que importa es su amistad, el poder dar una vuelta en bici un sábado con tu vecina de al lado mientras te da el solecito de la mañana, y que lo mejor de ese viaje a París (que pinta muy bien) es poder compartir con los que vayas una experiencia única, como contemplar la Torre Eiffel mientras te comes una ensaimada de chocolate (recomendadísimo, tanto la vista como el dulce en cuestión).

Hay muchas niñas y niños solos, además en el más estricto significado de la palabra, solos, de ahí que su mayor felicidad sea tener el móvil último modelo. Quizá me cogí muy a pecho esa conversación inocente de dos niñas de diez años, quizá no deba juzgar esas dos frases sin conocerlas, pero me trasmitió angustia y desánimo. Y sobre todo mucho miedo acerca de la educación que muchos padres con casa grande, lujosa y aficionados a estancias en París en hoteles de cinco estrellas están dando a sus hijos.

1 Respuesta para “Pobres niñas pijas”

  1. Felipe dice:

    En referencia a este artículo, me gustaría comentar lo siguiente: soy entrenador de fútbol de un equipo de niños de 12 años y la situación vivida por Montse de León me es muy familiar ya que tengo que escuchar conversaciones de este tipo practicamente todos los días. Realmente nose si la vida está cambiando muy rápido o la educación que se trasmite hoy en día es muy diferente a la de antes, pero la juventud está cambiando mucho, ¿o somos nosostros los que maduramos y cambiamos? Pues la verdad uno no sabe ni que pensar, pero me supongo que sera un poco de todo. Tengo 28 años y hasta hace bien poco era yo quien tenía ese tipo de conversaciones, y no solo hablo de la pijería de este caso particular, sino el grado de importancia que le da nuestra juventud a las cosas o sus mayores preocupaciones a dia de hoy. ¿Que debemos hacer? ¿Como debemos trasitirle otro tipo de valores a estos jovenes? ¿Sociedad, calle o padres? ¿Como será el día de mañana? Hay muchas preguntas en el aire y un tema como este requiere de mucha paciencia y podríamos debatir durante horas o textos.

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